A lo largo de la línea recta, que saliendo de la calle central de Venaria Real (Via Mensa) y atravesando la Sala de Diana y el Jardín de Flores, transcurre coincidiendo con la Avenida Central, se encuentran nuevas realizaciones y restos de estructuras antiguas sacadas a la luz gracias a una excavación arqueológica: el Patio de Honor con la fuente del Ciervo, el Jardín de Flores, los restos de la Fuente de Hércules, la Avenida Central con el canal de agua y los cimientos del Templo de Diana.

Este era el recorrido original que se desarrollaba en el eje central del proyecto de Amadeo de Castellamonte, que, en la segunda mitad del siglo XVII, concibió el Burgo, el Palacio Real y los Jardines como un complejo único. En los Jardines, dicho complejo se enriquecía con fuentes y estructuras monumentales, en los que esculturas y relieves celebraban de manera alegórica, como en el Palacio, la lucha del hombre con la naturaleza, con una atención especial hacia la caza, con la cual estaba vinculada fuertemente el origen mismo de la residencia. La Fuente de Hércules y el Templo de Diana eran las significativas obras en los extremos de la larga Avenida de Hércules, el paseo principal del siglo XVII.

El proyecto de Michelangelo Garove, realizado en el 1700 con las aportaciones de algunos proyectistas de jardines franceses, conservó la centralidad de este eje, que se hace luego marginal con las realizaciones de las primeras décadas del siglo XVIII y con la intervención de Filippo Juvarra en el frente meridional del Palacio Real. El proyecto mismo preveía la eliminación de las obras monumentales situadas en la directriz este-oeste, para abrir una vista sin interrupciones ni límites al infinito, y por lo tanto, fueron demolidos en primer lugar el Templo de Diana y luego la Fuente de Hércules.

Los restos de estas estructuras, y los cimientos de la Fuente del Ciervo en el Patio de Honor, que habían quedado enterrados, ahora han sido sacados a la luz, enriquecidos con nuevos valores expresivos, como testimonio arqueológico de los jardines del siglo XVII.

Fuente de Hércules

La monumental estructura realizada entre 1669 y 1672 con un proyecto de Amedeo di Castellamonte recordaba el Jardín alto con la Avenida en el nivel inferior. Muros accidentados con nichos y cuevas, con esculturas de mármol, con superficies de mosaico de conchas, corales, cristales y toba, sosteniendo un terraplén y dos escaleras curvilíneas, circundaban una pila de gran tamaño. Aquí el agua caía desde varios surtidores, con multitud de juegos y efectos sonoros. En el centro surtía de las cabezas de la hidra aprisionada entre los tobillos de Hércules, una colosal estatua de Bernardo Falconi. Otras esculturas representaban los Trabajos de Hércules y una serie de figuras míticas. Como en el Palacio Real y otras zonas de los Jardines, se recurría a la mitología clásica para expresar ideales y virtudes nobles.

A mitad del siglo XVIII se inició la demolición de la estructura y los mármoles fueron eliminados. Algunos de ellos han sido identificados instalados nuevamente en residencias nobiliarias piamontesas, de manera particular en el castillo de Govone.

Las paredes maestras sacadas a la luz con las excavaciones arqueológicas actualmente se proponen como ruinas. Un destello que recuerda al agua, donde entonces se encontraba la pila, ha sido realizado con fragmentos de cristal. En el lado norte, nueve plantas de Liriodendrum Tulipifera evocan los pilares que sujetaban el antiguo pórtico. Una composición de matorrales de siempreverde crea un vínculo natural entre los restos de la estructura y el actual jardín.

Templo de Diana

El Templo de Diana era la espectacular meta del paseo del siglo XVII por la Avenida Central. En el centro de un lago, sobre un "escollo" de piedras, dentro del cual dos canales que se cruzaban consentían el paso de las embarcaciones, surgía el templo, edificio de planta circular, cubierto por una cúpula. Mármoles, columnas, esculturas y decoraciones murales de conchas y madreperla lo adornaban.
En su interior había una fuente con las estatuas de Diana y de ocho ninfas, de la que salía un curso de agua que, atravesando la boca de diversos "monstruos" rompiéndose entre las puntas del escollo y bajando por los escalones, creaba efectos ópticos y sonoros capaces de "maravillar". Sujetos clásicos e imitaciones de elementos naturales, esculturas y arquitectura se integraban en la obra y el agua tenía un valor estético fundamental.

Después, el cambio de gustos y sobre todo la búsqueda de un panorama infinito que caracterizaba los jardines del siglo XVIII, hicieron que, con el proyecto de Michelangelo Garove, se eliminara el Templo de Diana, que señalaba el final de la Avenida.

Los antiguos cimientos, cuyo trazado se podía leer en las fotografías aéreas, han sido sacados de nuevo a la luz gracias a una excavación arqueológica. En conexión con el canal de la Avenida Central ha sido realizado un embalse circular y el agua circunda las paredes del antiguo basamento. Los restos de humedad señalan el doble anillo en las bases de las antiguas rampas.